Autores estadounidenses, No ficción

Martes con mi viejo profesor – Mitch Albom

Editorial Océano; 219 páginas.

“Todo el mundo sabe que se va a morir pero nadie se lo cree.”

Los libros son un atajo para el aprendizaje. El autor pasa años investigando, escribiendo y perfeccionando el libro que llega a nuestras manos y que nosotros devoramos en días o incluso horas. Es una de las razones por las cuales me gusta mucho leer, porque todo ese conocimiento está ahí para cuando queramos descubrirlo. Creo que pasa lo mismo con las personas. Cada persona es una serie de experiencias acumuladas, de las cuales también podemos aprender.

Esto es justo lo que hace el columnista Mitch Albom cuando empieza a visitar a Morrie, el profesor de Martes con mi viejo profesor. En este libro Mitch nos hace partícipes de un episodio especial en su vida cuando durante varios meses acudía cada martes a visitar a quien fue su profesor favorito en la universidad. Un día, por pura casualidad, Mitch ve en un programa de televisión un reportaje sobre Morrie y se entera de que ha sido diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), también conocida como la enfermedad de Lou Gehrig, y por lo tanto le queda poco tiempo de vida. Aunque ha pasado más de una década desde la última vez que se vieron, Mitch decide visitarlo y juntos se embarcan en la última clase que impartirá Morrie: El sentido de la vida. En sus últimas semanas el viejo profesor compartirá con su alumno lo que piensa sobre la muerte, la vejez, el amor, la familia, el trabajo, en fin, todas las preguntas importantes.

“Aprende a morir y aprenderás a vivir” dice Morrie. Nada nos hace apreciar tanto la vida como lo hace la muerte, ¿pero a quién le gusta pensar en la muerte? Saber que algún día tanto nosotros como nuestros seres queridos no estaremos aquí es insoportable. Sin embargo, si lo analizamos detenidamente, la muerte puede servirnos como un tipo de guía para examinar nuestras prioridades. Algo que está ahí para recordarnos que nuestro tiempo es limitado, no para angustiarnos sino para orientarnos, que nos brinda perspectiva y nos cuestiona las decisiones que vamos tomando en la vida. “Morirse es sólo una más de las cosas que nos entristecen, Mitch. Vivir infelices es otra cosa.” Pensar en la muerte puede llegar a ser liberador, dependiendo del enfoque que le demos. 

Sobre las prioridades y valores que nos inculca la sociedad en la que vivimos, Morrie dice “No te lo creas.” Vale la pena meditar sobre por qué queremos lo que queremos. Sobre cómo lidiar con emociones fuertes, sobre todo negativas como la tristeza y el miedo, Morrie dice “Aprende a desligarte.” Esto no quiere decir que hay que evitarlas, al contrario, hay que sentirlas y enfrentarlas para poder dejarlas ir. Como leí en otro libro: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.” Sobre cómo hacer que una persona se sienta especial de una manera muy fácil, “Creo en estar plenamente presente.” Nos pasamos la vida preocupándonos por algo que ya pasó o algo que va a pasar, en lugar de disfrutar el momento que estamos viviendo con las personas que después extrañamos.

Este libro es un testimonio de amor a la vida que tiene como intención salvarnos del temor de llegar al final de nuestra historia y preguntarnos: ¿Esto es todo? En estos tiempos de pandemia, donde la muerte está más presente que de costumbre, se vuelve más fácil identificar lo que realmente importa y encontrar consuelo en las cosas pequeñas. Nunca es demasiado tarde para cambiar, como dice Mafalda de Quino: “¿Qué importan los años? Lo que realmente importa es comprobar que al fin de cuentas la mejor edad de la vida es estar vivo.”

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